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‘Nos vemos en otra vida’, llamó el delincuente para facilitar el 11-M | Televisión

by Isabella Walker
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La primera persona condenada por los ataques del 11 de mayo lo fue un poco menos. Gabriel Montoya Vidal, Niño, pasó 15 años cuando conoció a Emilio Suárez Trashorras en las calles de Avilés y 16 años cuando fue transportado en un coche explosivo desde Asturias a Madrid. En apenas unos meses, tras pasar a fumar en el portal de su casa con sus amigos, se vio envuelto en la cuidadosa alcaldía yihadista en territorio europeo. Muchos años después de la tragedia que se saldó con 193 víctimas mortales, la serie Te vemos en otra vida (Estreno el miércoles 6 en Disney+) cuenta la historia y pone sobre la mesa el testimonio de las víctimas de aquella tragedia.

Alberto y Jorge Sánchez-Cabezudo (Crematorio, Área) ellos son los creadores de esta producción de seis episodios sobre la trama asturiana del 11-M que contó con dos fuentes fundamentales. Lo principal es el libro. Nos vemos en esta vida o en otra. (Planeta) que el periódico de EL PAÍS Manuel Jabois publicó en 2016 con su entrevista a Gabriel Montoya Vidal. La otra gran fuente es el resumen del macrojuicio de 11 meses celebrado en 2007. Una de las principales preocupaciones de los creadores era cómo recibir a las víctimas de su propuesta. Por este motivo y por la complejidad del rodaje, la preparación de esta serie se realiza de forma discrecional. “No queremos reconstruir la atención, pero las víctimas, con lo que desertaron en el macrojugo, fueron quienes contaron lo que hicieron. Nos preguntamos quiénes fueron los primeros del mundo y quiénes no tuvieron filtrado”, explica Alberto Sánchez-Cabezudo. “Comparemos el mismo objetivo, que era contar lo que pasó y lo que reveló la historia de cómo sucedieron y cómo probaron en un macrojugo”, añade su hermano Jorge Sánchez-Cabezudo.

Te vemos en otra vida Comienza como la historia de uno de los delincuentes del barrio, pero gracias a los diferentes saltos en el tiempo, el espectador sabe que el destino de estos fardos perdidos estará ligado a la tragedia. Las bombas del 11 de marzo de 2004 sobrevuelan la trama como un destino inexorable donde los personajes se ponen en movimiento. Jabois leyó la historia de Baby a través de un contacto que facilitó el mundodonde trabajó en 2014. Tenía la intención de entrevistarla antes, por el décimo aniversario de los agresores, pero Gabriel Montoya Vidal lo aceptó nuevamente.

Alberto Sánchez-Cabezudo, Manuel Jabois y Jorge Sánchez-Cabezudo, en un momento del desarrollo de la serie.Guillermo Gumiel (Disney+)

Cuando el periódico estaba trabajando en PAÍS, su propio Baby contactó con él. “Mi suposición fue que el informe era exculpatorio y que pedí el incendio en una sentencia del 11 de marzo que decía que la culpa era de otros y ellos blanquearían. Pero eso no fue así, fui muy honesto”, recuerda Jabois. De su historia, el periódico le interesó por la velocidad con la que sucedió todo, “ya que en octubre de 2003 era un tipo normal de una calle de Avilés con una familia desestructurada y condiciones precarias, y acaba en cuestión de meses en un banco como el cartilla acusada del 11-M”. Tu libro antes que otros se interesen y adáptalo. Y los Sánchez-Cabezudo llevaban años lejos de él. Hasta hace tres años no se cerraba la sección que había demostrado que esa transformación era una auténtica vergüenza.

Libro y serie comparten un tono austero y crudo en la narrativa, con una distancia consciente para evitar valores y lecciones morales. “¿Cómo seguimos a alguien que sabemos que es culpable de algo tan terrible? No podemos prejuzgarlos, pero también queremos que el espectador empatice con ellos”, reflexiona Jorge Sánchez-Cabezudo. Para mantener el equilibrio en esta línea, tanto el guía como la cámara siguen al niño para mostrar su evolución y anticipar el futuro con saltos en el tiempo hasta su entrevista sobre el futuro con Jabois y sus momentos de jugo, que cobra protagonismo en la trama final de las series .

Pol López, como Emilio Trashorras, y Roberto Gutiérrez como Gabriel Montoya Vidal, en una imagen de ‘Nos vemos en otra vida’.Diego López Calviño

“Hay un tono muy descriptivo de la historia criminal en el que el personaje hoy no sabe qué va a pasar y vamos descubriendo el universo. Hacia la mitad, la serie da un vuelco y ya se sabe lo que es llevar explosivos. El tono se vuelve más serio y vira hacia el dramatismo y el terrorismo yihadista”, continúa Jorge Sánchez-Cabezudo, que describe su serie como una “tensión permanente entre la banalidad de la vida en el barrio y la gravedad de las consecuencias, un juego”. de grandeza entre lo pequeño y lo tremendo”. Esto también se refleja en la duración de los episodios, que duran 45 minutos cuando la historia es más ligera y se acercan a los 30 minutos cuando la tragedia gana peso.

Para ellos era fundamental lograr un gran naturalismo tanto en la interpretación como en los diálogos. “En todo, el tratamiento del arte, la vestimenta… hay un trabajo para generar una distancia moral a todos los niveles. Este fue el trabajo de más discusión y meditación”, dice Jorge Sánchez-Cabezudo. Los hermanos mencionan las películas francesas. Los MiserablesUn profeta y la serie gomorra como algunas de las referencias visuales para Te vemos en otra vida. La naturalidad en los diálogos incluyó a Pablo Remón, Daniel Remón y Roberto Martín Maiztegui, quienes trabajaron en la escala que diseñaron los creadores con Guillermo Chapa, quien se encargó de mantener la documentación para que todo se adaptara a la realidad. Porque otra red estaba en cómo contar esta historia. “Hay una cosa que te hace preguntarte: ¿puedo ser así? Sí, puedo ser así”, afirma Jorge Sánchez-Cabezudo. “El resumen cuenta muchas cosas que nos permiten pasar de un punto a otro, además hay muchos diálogos. Esto me permitió tener una base de lo sucedido y un tono de los personajes”, añade su hermano Alberto.

Jorge Sánchez-Cabezudo, Roberto Gutiérrez y Alberto Sánchez-Cabezudo, en un momento del desarrollo de la serie.Diego López Calviño

Otra clave fue el departamento, formado por gente poco reconocible. La pieza fundamental detrás de la cual se construyó el resto fue el protagonista. Roberto Gutiérrez, quien está encarnado en el niño de 15 y 16 años, lo encuentra a la salida de un McDonald’s. “Vimos 150-200 niños, pero apareció Roberto, con el pelo mohicano y una mirada tremenda. Fue una visión muy poderosa”, dice Alberto Sánchez-Cabezudo. Trabajé con un profesor durante dos meses para aprender la profesión. El resto del departamento se construyó en torno a él. “La idea era encontrar un equilibrio entre un actor no profesional y actores profesionales”, afirma Alberto Sánchez-Cabezudo.

Entre ellos, Pol López está Emilio Sánchez Trashorras, el exminero con problemas mentales condenado a 34.175 años de prisión, un personaje tan excesivo que parece ficticio. Sin embargo, sus acciones y algunas de sus frases son fragmentos del resumen esencial. Cada uno cuenta con uno entrenador para mantener el sabor asturiano. “La guía fue escrita de forma muy natural, muy cotidiana, era muy precisa. Quería tocar una improvisación sin decirlo del todo”, añade Jorge Sánchez-Cabezudo. “Es una serie que parece que no se dijo, más bien se habló de ella en el contexto de la vida cotidiana, en la calle, fue otro de los grandes descansos”, añade.

Pol López, en una imagen de la recreación del macrojuicio del 11-M en ‘Nos vemos en otra vida’.Guillermo Gumiel

Jabois siguió con contacto con Gabriel Montoya Vidal. “El teléfono ha cambiado mucho, lleva un tiempo en Melilla y ahora está en el norte de España. Hay que pasar un par de semanas para ver cómo iba y decidir que la serie no glorifica nada”, afirma el periódico. Aunque las distintas cadenas de televisión persiguen a Baby, él sigue viviendo como una persona anónima. Los Sánchez-Cabezudo cree que, 20 años después, ya es momento de hablar de un momento tan doloroso. “Creo que a las víctimas les gustaría recuperar esto para la memoria histórica”, afirma Alberto Sánchez-Cabezudo. “Es necesario tener una relación. Esto es lo que ayuda a las víctimas a llevar un informe”, concluye sobre Hermano Jorge.

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